
Mediocre, esa palabra usada tan a la ligera
27-11-2011 - 3596 accesos - Sin comentarios
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Voy a empezar como tantos otros artículos sobre la mediocridad, con su definición: La palabra mediocre tiene dos acepciones en el diccionario de la Real Academia Española: 1. De Calidad media, y 2. De poco mérito, tirando a malo. Pero en realidad algo puede tener una calidad media y estar muy lejos de tener poco mérito. Mediocre se puede usar ciertamente como un desprecio, así es como solemos usarlo, o como la acertada definición de una realidad en la que en la campana de gauss creada a partir de la distribución normal de las capacidades de una población, cualquier población, la inmensa mayoría será mediocre, será “del montón”. Su creatividad, sus habilidades en general, tendrán una calidad media. Destacará más o menos en función del fondo con el que contraste. Pero tan pocos serán los mediocres, en la segunda acepción de “poco mérito”, como pocos serán los genios.
Es tan improbable que un genio lea este artículo como que lo haga un tipo con un nivel de genialidad “tirando a malo”. Aunque las causas serán distintas. Obviamente yo mismo me reconozco como un ser mediocre. No soy genial. De hecho, y lo siento por el que me pueda leer, ahora mismo podría afirmar que conozco gente muy buena en su trabajo, con una gran creatividad incluso, pero siguen sin ser geniales genios. En la distribución gaussiana podrán ser más o menos mediocres que otros, pero seguirán encajando en la primera acepción. Si bien es muy poco probable que ningún museo o lugar solemne llegue a llevar mi nombre, tampoco creo que lleven jamás el nombre de esa gente a la que se le llena la boca de ego al hablar de la mediocridad de los demás. Siendo tan mediocres como cualquier otro. Puede que incluso más. Cuanto presunto genio da mala fama a los auténticos espíritus geniales.
Yo no aspiro a ser un genio. La genialidad es algo con lo que se nace o no, si no la trabajas serás un genio en no valer para nada, pero si no naces con ella podrás ser el mejor de los mediocres, que no es poco, pero jamás serás un genio. Yo más bien nací torpón, y ni siquiera quiero llegar a ser el mejor mediocre en ningún campo. Pero sé que todo lo que hago es un poquito mejor de lo que era ayer, y trabajo y aprendo más cada día para que así siga siendo.
Sé que mi nombre no pasará a la historia, muy probablemente ninguno de los vuestros lo hará. A mi no me hace falta. Mi única aspiración es sentirme bien con lo que hago, no pisar a nadie, saber que procuré dar lo mejor de mi mismo como mejor supe y que quizás, quizás, cuando ya no esté, alguien pensará en mi y mi recuerdo le provocara una sonrisa, o incluso una lagrimilla melancólica, y echará de menos a este tipo que “nunca fue un genio. Ni puñetera la falta que le hizo.”
La imagen está tomada de aquíreflexión motivación mediocridad 